San lunes

5/12/08

Como cada lunes, pueden leer la tan gustada (ajá) colugna La Bodrioteca, en el diario Plaza Juárez, de la airada ciudad de Pachuca. Asimismo, como bien menciona Sus(ana), el número 148 de la revista Punto de Partida, editada por la UNAM, publica uno de mis bodrios. Mientras que el realmente irreverente Cicco me cita como fuente en su estupendo texto Sexo en vivo, publicado por la Revista C, de ese último gran diario argentino que es La Crítica de Argentina. Ya me llegaron las latas de pulque prometidas por mi amiga Gabriela Conde. Seguimos afinando detalles para la presentación de Gumaro de Dios, el caníbal, de Alejandro Almazán, en Chilpancingo, para principios del mes entrante. Ya tengo y vi Baraka, por recomendación de Pedro Pardo. Mis boletos para ver a Calamaro llegan en dos días. Andante 26, revista virtual del Instituto Sonorense de Cultura también subió algo de mi autoría. Me encontré 500 pesos en el cajón que colecciona mis cajetillas vacías. El Conectivo Cultural Tarántula Dormida se reorganiza, vaya usted a saber para qué, pero se reorganiza, así que esperen todavía más molestias de nuestra parte para lo que resta del año. Escuchen God put a rainbow in the sky de la sueca Miss Li, es fabuloso, magistral y hermoso. Bajar

La espera terminó

5/8/08


Ya tengo boleto. Por ahí nos veremos.

Musofábulas de un amante amateur

5/7/08


El mundo se divide en dos: los que aman y los que no son amados. Bajo esta premisa se puede plantear una subclasificación infinita de las situaciones humanas.
Quien ama es inmune a las crisis sociales, económicas y morales. Nada ni nadie puede quebrar su alegría. Mejorará su desempeño laboral como nunca. Motivará su imaginación y por ende, se enamorará de muchas cosas: del amanecer, de una canción, de una calle, de su trabajo, de un libro, de un aroma, de un punto geográfico.
El que ama es invulnerable, como si de la noche a la mañana fuese sumergido en el río Estigia. Pero tendrá un punto débil, su talón de Aquiles, que es nada más y nada menos que el receptario de todo su amor.
Sin embargo, cuando el enamorado pasa a engrosar las filas de enfrente, o sea, las del desamor, sufre una extraña transformación: la invulnerabilidad desaparecerá del cuerpo para concentrarse sólo en el talón. La humanidad del otrora enamorado, quedará a merced del amanecer, de una canción, de una calle, de su trabajo, de un libro, de un aroma de un punto geográfico. Todo lo dañará. Todo lo hará llorar. Su punto fuerte, ahora circunscrito en una pequeña zona del talón, esperará inútilmente el regreso del receptario de todo su amor.
Olvida que el amor no es un perro fiel que responde a un llamado. El amor es un autobús cuya máquina no tiene reversa. Si te bajas de él, nunca podrás alcanzarlo. No importa que sólo hayas descendido a orinar, a besar otra mujer o únicamente a estirar las piernas.
En el intercambio de libros que hacía cada semana con mis amigos, Ulber me presta uno que llama mi atención: Nuevas voces de la narrativa mexicana. Es una compilación de relatos de hasta cierto punto nuevos narradores.
Algunas historias son exquisitamente olvidables. Otras confirman mi gusto por la obra de Bernardo Fernández, Pepe Rojo, Julián Herbert o Fabrizio Mejía Madrid. Otra más me incita a buscar el correo electrónico del autor para saber qué hace, qué lee, qué piensa y qué vive. El relato en cuestión se llama Noche Amaranta, escrito por Jorge Harmodio Juárez.
Francamente yo dudaba mucho que Harmodio contestara. Uno porque los escritores son seres mamones, ególatras y sumamente presumidos. Y dos, porque al parecer, están acostumbrados a que debes escribirles cuando menos unos 10 correos electrónicos para que tengan la educación de contestar media decena de palabras.
Pero no ocurrió así, Harmodio contestó. Y no sólo eso, sino que comenzamos a hacerlo de forma esporádica. Me contó de su vínculo con el estado de Guerrero, de su estancia en París y de sus antojos de pozole. Además, fui leyendo su bitácora personal, donde tiene colgadas varias de sus obras. Por esa época abrí la mía, donde inmediatamente puse una liga hacia su blog.
Parafraseando el comienzo de Cagliostro, de Vicente Huidobro, acerca de Musofobia puedo decir:
Suponga el lector que no ha comprado este libro en una librería, sino que ha pagado unas 20 horas para navegar en Internet, en el cibercafé de su agrado.
Musofobia es un viaje hacia al reactor de emociones que regulan la vida de Jorge, exhiliado en París, mexicano, con una rara fobia hacia los ratones, jinete de Valkiria –su bicla–, reparador de compus y escritor en ciernes.
Él pertenece al bando de los enamorados. Jorge adora a Nadia. La niña de sus ojos. La dueña de sus quincenas. Su medio limón. La luz de sus tinieblas. Su medallita y escapulario. Su resta, suma y multiplicación. Su coamante.
El amor es una gota de agua en un cristal, según José Luis Perales, mientras que Efraín Huerta lo concibe como:
Una luna parda, larga noche sin crímenes,
Río de suicidas fríos y pensativos,
Fea y perfecta maldad hija de una poesía
Que todavía rezuma lágrimas y bostezos
Oraciones y agua, bendiciones y pena.
El dramaturgo francés Enzo Cormann, en su obra Sade, concierto de infiernos, asegura: “La palabra amor sólo sirve para provocarnos la nostalgia de una gracias que nunca nos fue dada”.
Jorge materializa su amor en un costal de arroz basmati, el cual cocina con las más fuertes ansias de complacer a Nadia. Lázaro Covadlo sentencia que el ser humano es fundamentalmente un aparato digestivo envuelto en un tronco del que sobresalen miembros y cabeza; una máquina de comer y descomer. De ahí que las emociones propias del amor o desamor las sintamos, antes que en cualquier otra parte, en la barriga.
Pero como los jaguares no se cazan con manzanas, un día Nadia, coamante, la niña de sus ojos, la luz de sus tinieblas decide que ha llegado el momento de que Jorge se baje del autobús y pase a engrosar las filas de los dolientes amorosos.
Aquí empieza el derrumbe del mundo que Jorge había construido para Nadia. Mas con pena amorosa a cuestas, debe trabajar, conseguir nuevo departamento ante su inminente deportación de ex.nidito.de.amor, es sometido a una operación del tabique nasal y busca en otros labios el sabor de esa mujer que lo trae volando bajo.
En El joven aquel, Ricardo Garibay menciona: “Verla era vivir. No verla era vivir dormido o aletargado, era vivir como a distancia de todo, sin cabal cuenta de lo que se estaba viviendo, hipnotizado por algo más allá de lo que se veía y se tentaba, como quien vive provisionalmente chapoteando en la pesadilla o en el lodazal”.
Ángel Carlos, en cambio, en su poemario Muriendo de amor por esa perra, recuerda:
Amarla era saltar desde una a otra caída
Era cantar con los labios destrozados
Serle fiel al dolor, dejar sangre en cada beso
Era dar sed al hambre, interceptar una bala
Según Juvenal Acosta, no existe el momento perfecto para terminar una relación, mientras que Gabriela Conde, en su ensayo De lo inútil de las despedidas sentencia: “No existe fórmula idónea para decir adiós. (...) Querríamos no irnos, no tener que dejar de estar en esa otra persona que nos define, nos testifica, nos presencia. Y con ese afán alargamos los rituales despidatorios. Cuando se tiene conciencia de que se está acabando, de que alguno se va, comenzamos con la paranoia de los métodos, de los inventarios, de los recuentos de sombras. Intentamos eternizarnos en la memoria del otro, quedarnos; pero nunca se puede lograr la perpetua estadía. Esa testificación sin el referente físico, tangible, obedecerá a un sinfín de estímulos muy lejanos; se sabe de lo caprichoso de la memoria, de lo inexacto, de lo arbitrario: ya no soy yo ese que tú recuerdas”.
Con una estructura narrativa similar a la de un blog –sí, sí, con fecha, ligas, comentarios e incluso espam–, Harmodio construye esta novela que por sí sola, brilla por la fugacidad con que se lee, por su atinado humor negro (que arrancarán más de una docena de carcajadas), por su eficacia con el manejo de la palabra escrita, por las evocaciones desamoratorias a las que nos remite y por la mezcla interminable de herramientas narrativas para construir Musofobia.
Lo de hacerlo como un blog, posiblemente se deba a que Harmodio, como buen bloguero, sabe que el alma es una bitácora que se pudre entre mierda y amor –como dice Jeremías Marquines en Las formas de ser gris adentro. Sin embargo, también puede atribuirse a esa vieja enseñanza que desde Shakespeare, nos recuerda que para hace resaltar mejor una palabra, no hay nada mejor que una mancha de sangre.
No obstante, Harmodio no sólo va dejando rastros de hemoglobina en cada página, sino que también nos embarra su desamor, de lágrimas, mocos, pelos de gato y hasta la mierda de la vecina tocadiscos.
Lo justo –menciona Efraím Medina Reyes en Técnicas de masturbación entre Batman y Robin– es que todos los hombres tuviéramos la apariencia física de un actor de televisión, la inteligencia de un zorro viejo y la agresividad de un guerrero Celta, pero como ya sabemos en carne propia que este mundo no es justo, que la mayoría tenemos la apariencia de un zorro viejo, la inteligencia de un galán de televisión y la agresividad de un pastel de cumpleaños.
Jorge nunca sabrá en realidad porqué lo abandonó Nadia. Nosotros tampoco, puesto que Musofobia no es un manual de seducción, ni un tratado sobre el amor. Es la bitácora de emociones de un tipo que hoy, mañana o pasado, bien puede ser Jorge, yo o usted, querido lector.
Texto leído en la presentación de Musofobia, en Acapulco
Sábado 3 de mayo de 2008
De izquierda a derecha: Jeremías Marquines, Jorge Harmodio, Carlos F. Ortiz y este patanzuelo

Por el Día del Niño

5/1/08

AMC

4/14/08

Entiendo perfectamente que la muerte es complemento de la vida misma, pero qué difícil es asimilar este mentado ciclo, sobre todo cuando la persona fenecida es alguien muy querido. Las primeras horas de este 14 de abril mi tía More murió, y con ello, nuevamente mis recuerdos bullen en mi cabeza. Perrito, solía decirme cuando me veía. Era una grata acompañante en esas largas caminatas por entre lechuguillas, cegadores, pitayos y mezquites. De niño, me contó una y mil historias de los pames, de fantasmas, del campo, de la frontera y más recientemente, de policías y ladrones. Hace 5 meses la volví a ver, no sabía que por última vez.
Por eso le pedí que me agasajara con un huevo con chorizo y chile reventado, acompañado de una salsa de pepinillo. Por ella descubrí que padezco de acrofobia, porque me llevó al edificio de la foto y subí con ella al último piso. Por ella tengo una camisa que en la parte izquierda del pecho tiene bordado mi nombre. Su casa en Ciudad Victoria lo sentía como un hogar paralelo al mío. Su familia era la mía. Y hoy, justo hoy, ya no la tengo.

De supermercados y otras complicaciones

4/5/08

Hasta hace unos años, ir al supermercado no representaba mayor esfuerzo que acercarse a la zona del producto buscado y echarlo al carrito. Ahora es distinto: entrar en esas modernas catedrales del consumismo resulta tanto o más complicado que ir a un museo.
Más de uno dirá que estoy muy pero muy pendejo. Pero veamos. Creados en 1916, los supermercados eran en principio una especie de tiendotas con todo tipo de mercancía. Generalmente ofrecían productos sin los que cualquier ama de casa sufriría la gota gorda para dar de comer a su prole. En épocas harto especiales, también se ofertaba mercancía francamente inservible.
Ahora sucede todo lo contrario: proliferan los productos tan inútiles como el masticómetro (ese invento que verifica las 2.000 masticadas que requiere el usuario en cada comida). Los productos básicos se han ido replegando ante el embate de alimentos enriquecidos con la mitad de los minerales de la tabla periódica. Es por eso que se complica tanto la búsqueda de un simple litro de leche: el departamento de lácteos la ofrece para todo estado ánimo, edad, sexo, padecimientos crónicos, condición física y situación financiera. Leer más (La foto es de Andreas Gursky y es la más cara del planeta)

Los gitanos globalizados de Beirut

3/20/08

La globalización, como todo, tiene sus pros y sus contras. En materia musical, este fenómeno económico es el responsable de que –para bien o para mal; según les haya ido en los caballitos– hayamos conocido a Elvis Presley o los Beatles, pero también, a los inflables de Good Charlote y a la únicamente ensalivable Jennifer Lopez.
Gracias a este proceso fue posible que Radiohead revolucionara a la industria musical al editar In the rainbows, lo colgara en su página electrónica y que el visitante pagara lo que le diera su rechingada gana. Se podía, incluso, no pagar nada.
Otra de las bendiciones musicales de la globalización es un escuincle de sólo 21 años llamado Zach Condon, líder de un proyecto musical llamado Beirut.
Si tomamos en cuenta al adolescente promedio de gringolandia, lo más que podíamos esperar de un chaval de esa edad, era una más de las miles de producción de happy punk, de nü metal, hip hop o alguna tendencia emo-no-sé-qué-pedo que surja la semana próxima. Tal vez el único ingrediente "novedoso" que había en Condon, era un viaje a la buena de Dios por distintos puntos de las Europas. (Leer más) (Como la sección de discos estaba algo abandonada, me pongo a mano con la discografía, que pueden bajar de aquí)

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ Lo aquí­ escrito no está protegido, ni pretendo hacerlo y dudo que pueda servir para algo productivo. Así­ que léelo y olví­dalo. Chas'gracias.